El siguiente artículo aparece tal como fue publicado en el diario El Mexicano el día 12 de julio, 2014.  

Ya sé que no me lo van a creer pero ahí les va. El artículo de la semana pasada se llamó Fe de Erratas, pero el contenido no fue sino el de otro artículo que ya había sido publicado, por lo que quien lo haya leído ha de haber pensado, que se habrá fumado este Dionisio, y luego, además pa ponerle toque surrealista a la cosa, el título se refiere, precisamente a los errores involuntarios de los que andamos nadando en el mar de las letras. En fin, que va de nuez a ver si ora sí nos sale. ¡Arránquense muchachos! Cuando la oí mencionar por primera vez lo que yo escuché fue “fe de ratas” y de inmediato pensé en unos roedores muy devotos, pero me pareció muy extraño. Entonces recurrí a mi padre, quien siempre ha sido un hombre de letras. Recuerdo que debía las letras del carro, de la lavadora, de los muebles de la sala, en fin, que aun así, entre agobio y agobio, se daba su tiempo para leer. Y con la sutileza de un padre cariñoso y comprensivo, me dijo: ¡no seas güey, fe de erratas quiere decir otra cosa y no uno de los disparates que siempre se te ocurren! Entonces me explicó que era algo así como la confesión escrita que hace alguien por un error involuntario provocado por la falta de atención, confusión o hasta ignorancia al momento de referirse a un tema en particular. Aclarado lo anterior, le seguimos con el asunto que nos convoca cada semana: el vino.  En el país de los güeros y los morenos, es decir los Estados Unidos de América, nunca se quieren quedar atrás y el mundo del vino no ha sido la excepción.  Abro aquí un paréntesis para compartir con ustedes esta expresión que ya está siendo bien recibida por una buena cantidad de líderes de opinión de aquél país. Sucede que los términos negro, de color, afroamericano, etc. no son aceptados por su connotación racista o, de plano porque se oyen o suenan confusos y rebuscados. Por otro lado, blanco pues tampoco nos dice mucho.Los hay bronceados o bronceadas, sobre todo en verano, rositas (mientras más al norte más rositas) o de plano pálidos y desabridos. En cambio güeros y morenos son conceptos que abarcan a todos y a nadie ofenden. Por cierto, para que puedan utilizar estos más que mexicanos términos, solo exigimos que se respeten un par de excepciones y no nos anden acusando, a los mexicanos, de excluyentes y segregacionistas: que “negrito cucurumbé”, “negra Tomasa” y “café la Negrita” no sean consideradas expresiones racistas en modo alguno sino manifestación diferencial cariñosa. Puestos de acuerdo, le seguimos.  En 1978 crearon un sistema, los güeros y los morenos, para identificar y, de alguna forma catalogar, a los vinos producidos en Estados Unidos. Algo parecido a la “Apellation d’origine côntrolée”  francesa. ¡Qué nombre le pondremos, matarili lirilón!, se preguntaron al unísono los productores más destacados de la Unión Americana y después de haberle dado baje a varias botellucas de Chardonnay californiano en una divertida sesión,  se les ocurrió que American Viticultural Area era el nombre más apropiado y ¡ese nombre le pusieron, matarili lirilón! AVA, como AOC en Francia, es el acrónimo con el que se  identifican, para efectos prácticos, las zonas productoras de vino específicas. 02mayo-gran-fabricaLa AVA es mucho menos estricta en sus requerimientos hacia los productores o negociantes gringos que la AOC francesa. En Estados Unidos se tiene derecho a mostrar en la etiqueta de un vino la pertenencia a una AVA determinada con la condición de que dicho vino esté elaborado con un mínimo de 85% de uvas de ésa área en particular, sin que importe qué tipo de uvas se utilizan para producirlo. Las AVA se designan además con base en criterios de tipo de clima en la zona, elevación promedio sobre el nivel del mar, precedentes históricos y otros criterios menos específicos que los concernientes a los franceses. Por ejemplo, Napa Valley representa una AVA, sin embargo, existen pequeñas AVA dentro de su área que en realidad son enclaves  con características particulares, diferentes del resto de los vinos que se producen en la zona y que pueden coincidir con una propiedad privada en particular. De hecho, y como dato curioso, la primera AVA de los Estados Unidos se asignó a un área conocida como Augusta, en Missouri y fue establecida en 1980. En realidad el criterio más importante a considerar a la hora de seleccionar un vino norteamericano es la trayectoria del productor, más que cualquier otra forma de clasificación. Tres son los estados de la Unión Americana en los que se producen los mejores vinos: California, Oregón y Washington State. Sin embargo, es en California donde se elabora el noventa por ciento de los vinos de ese país.  Así como en México tenemos nuestro IEPS, versión leguleya del santo oficio, los gringos también sufrieron lo suyo. A principios del siglo XX se prohibió en Estados Unidos la elaboración, transporte y consumo de bebidas alcohólicas durante varios años, irónicamente, como si de repente los ciudadanos del país de las libertades hubieran despertado, de un día para otro, envueltos en una teocracia que castigará con inusitada represión el derecho de sus ciudadanos a disfrutar de la vida. Sin embargo, como en todas aquellas actividades humanas que tienen que ver con el goce de los sentidos, el ser humano se las ingenia y los güeros y los morenos se pusieron a fabricar pisto hasta con las cáscaras del melón. Y, si no había melones, pues se echaban un brinquito a Tijuana, donde nunca faltaba un alma caritativa dispuesta a recibirlos, apapacharlos y regresarlos medio atolondrados en aquellos felices tiempos previos a la sentri. A pesar de la importancia que tiene ahora la industria del vino allá, la mojigatería sigue haciendo de las suyas con el vino. En México llevamos en ello una ligera ventaja. Las autoridades aquí advierten que “el abuso en el consumo del vino daña la salud”, allá se dice que “el consumo puede dañar la salud”. Sutil pero importante diferencia. Otro dato a considerar: somos los únicos dos países productores que, de manera oficial, hacemos referencias de ese tipo con relación al vino. Dejar que siga el chocante letrerito debía considerarse una auténtica fe de ratas.