El siguiente artículo aparece tal como fue publicado en el diario El Mexicano el día 4 de octubre, 2014.

Hay quienes viven con la idea de que no hay nada más fácil en el mundo que invitar a alguien a su casa para “echarse una botanita”. Piensan ellos que todo se arregla abriendo una mega bolsa de papas o de chicharrones de harina. Por cierto que las hacen ya tan grandes que el otro día vi a una señora en el supermercado, aturdida y un poco avergonzada, regresando de la caja una bolsa amarilla de comida para perros de 15 kilos a la que confundió con otra, muy parecida en tamaño y contenido, como la que comenté líneas arriba. Ahora bien, para poder deglutir lo que viene en dichas bolsas, las de papas no las de perros, suponen los botaneros en cuestión que deben comprar unas mega sodas también. Las hay verdes, rojas, negras y cargan con tal cantidad de líquido que es fácil confundirlas a su vez con los garrafones de maestro limpio. ¡Aguas!  ya que con un traguito se quedan como el de la foto, digo por lo pelón no por lo fuerte (a mí me pasó, por eso se los advierto). En fin que me quiero permitir hacerles una recomendación: en esto de las botanas existe un mundo por descubrir allá afuera. Botana no quiere decir producto chatarra para rellenar estómagos. Si usamos nuestra imaginación podemos encontrar todo un universo de posibilidades y será, en ese momento, cuando el vino haga su triunfal aparición. Yo creo que son los españoles quienes han llevado a lo que nosotros llamamos botanas a niveles paradisíacos, desde el punto de vista gastronómico. Ellos les llaman “tapas” y también “montaditos”. Tapear, es precisamente, disfrutar de unas buenas tapas. Aunque existe un sinnúmero de posibilidades para crear unas buenas tapas, la verdad es que hay cosas que se prestan más que otras para combinar y, a su vez, para disfrutar al amparo de una buena copa de vino. Las tapas más suculentas son aquellas que contienen una unidad o trozo de algo que, aun en una pequeña presentación equivalente a la exacta medida de un bocado, nunca pierde su sabor ni su identidad aromática. Dicho de otra forma, sabemos que es pulpo o camarón no solo porque lo vemos, sino porque la cantidad del mismo en el bocadillo en cuestión es suficiente para detectarlo y saborearlo. Lo normal es que una tapa equivalga a un bocado, es decir que en un solo paso terminemos con el asunto. Así mismo el vino que acompaña las dichas botanas estará presente en la copa para poder disfrutarlo cada vez que sea pertinente acompañar en su viaje al más allá la tapa de referencia. Aquí es donde la cosa se pone buena. Como podemos preparar o pedir tapas de esto o de aquello, tendremos también la oportunidad de hacer combinaciones con dos o tres vinos diferentes.En casa, por ejemplo, estaríamos en posibilidad de disfrutar una buena variedad de tapas con dos o tres vinos diferentes, según el número de comensales que haya sido convocado, llevando a cabo un entretenido ejercicio de maridaje.11228-1Tratándose de restaurantes la cosa cambia. Lamentablemente son pocos los establecimientos en los que se puede disfrutar de una atractiva variedad de vinos por copa y disfrutarlo al mismo tiempo con unas buenas tapas.  Ver qué se lleva mejor con qué entrenando nuestro gusto y nuestro olfato al mismo tiempo. En el mundo del entretenimiento y de los placeres en general, como en este caso el gastronómico y el del vino, el éxito de un negocio debería de ser directamente proporcional a la seriedad con que se proyecta, se organiza y se atiende. Y ya que andamos en el tema, como si de una alberca se tratara, me voy a echar a lo hondo y sin flotis: es lamentable ver cómo algunos ilusos que se dicen expertos en mercadotecnia ponen en manos de cachondas edecarnes la promoción de un supuesto buen vino, pretendiendo que sea consumido en una mesa por el atractivo ombligo de la niña que lo trae de aquí para allá, sin tener la menor idea de lo que anda cargando. Qué falta de respeto para el vino y qué limitada capacidad de promoción de quienes lo fomentan. Yo espero que un día los bodegueros (algunos) restauranteros (varios) entiendan el universo de oportunidades que brinda la adecuada promoción y oferta de vinos y que además, dicho sea de paso, respeten a sus clientes y se respeten así mismos. Esto último lo digo porque me he percatado que algunos restaurantes de la ciudad, especialmente los nuevos, sucumben al canto de las sirenas y reciben, de buena fe, algunos vinos que les son ofrecidos a consignación (te lo dejo y págamelo cuando lo vendas, o cuando quieras, que es lo mismo). El que no sabe cobrar es aquél al que le cuesta trabajo vender, bilivmi. Bueno, pues yo les digo que se anden con cuidado. Pero, de vuelta en nuestro asunto y para redondear el tema, sería muy sano, justo y quizás hasta necesario, que de repente apareciera en el escenario un buen lugar de tapas de la mano de una atrevida (y bien definida) oferta de vinos por copa.  Intrigante y divertido resulta siempre llegar a un lugar en el que pueden probarse diferentes combinaciones de comida y de vino. ¡Venga hombre, que no será tan difícil intentarlo!