El siguiente artículo aparece tal como fue publicado en el diario El Mexicano el día 6 de diciembre, 2014.  

Ningún mexicano nacido a partir de la década de los sesenta es ajeno al nombre, a los personajes, a las expresiones  y a los dichos de éste hombre extraordinario y aunque fue sin querer queriendo, le encontré un rastro de vino a algunas de sus frases célebres. Si a alguien no le gustan, lo único que les puedo decir es: bueno, pero no se enoje…

¡Es que se me chispoteó! Expresión que se usa para referirse al bochornoso momento por el que atraviesa el mesero cuando, por falta la de pericia o el uso de un sacacorchos chafa, deja la mitad del corcho en el cuello de la botella al intentar descorchar el vino frente a sus comensales.

Y ahora ¿quién podrá defendernos? Sentimiento que invade a los vinos que se abandonan en el rincón de la bodega del restaurante y además de pie, que por cierto no sé si ustedes sepan, pero el vino se pone una mareadas espantosas cuando lo dejan parado, además se le seca el cerebro (que en su caso es el corcho) porque su estado ideal es estar acostado, a menos que esté coronado por una sencilla tapa rosca.   

¡Todos mis movimientos están fríamente calculados! La frase típica del hombre de las nieves. Restaurantero, capitán o mesero, o los tres coludidos en contra del vino, torturándolo a una temperatura tan baja que lo único que logran es neutralizar su estructura aromática y eliminar la posibilidad de que nuestro sistema olfativo lo perciba por medio del reflejo del retrogusto. O dicho en términos técnicos, le parten su mandarina en gajos.

critico de vino¡No contaban con mi astucia!  Expresión cada día más común entre los comensales cuando ponen sobre la mesa del restaurante el vino de la casa, pero de la casa donde viven, porque no quieren o no pueden pagar los precios que se exponen en las cartas de muchos establecimientos. Y es que resulta más atractivo pagar un descorche de poco más de 100 pesos como cargo extra por llevar una botella que pudo habernos costado la tercera parte del precio anunciado en el menú de vinos. Para bien o para mal, como usted lo quiera ver, vivimos en una ciudad que se ubica en las inmediaciones de importantes zonas productoras de vino, hacia el norte y hacia el sur, y el vino entonces lo podemos ir a buscar a la mismísima bodega que lo produce, si nos damos un tiempecito. Si viviéramos en la Gran Tenochtitlán o en Los Cabos, Baja California Sur, probablemente sería más complicado conseguir vinos a precios atractivos, pero aquí la cosa es diferente y varios restauranteros han venido ajustado sus precios haciéndolos lo suficientemente atractivos como para que el cliente prefiera no llevar al restaurante su propio vino.

¡Síganme los buenos!  Eso deben decir los restauranteros que encuentran la forma de orientar a sus parroquianos en la mejor forma de apreciar el vino.
Empiezan como el buen juez, por su casa. ¿Cómo? Pues haciendo una pequeña inversión en un refrigerador de vinos o comprando un sencillo sistema de aire acondicionado para instalarlo en el recinto en donde han decidido guardar su apreciado tesoro. Luego, informando a la clientela la mejor manera de maridar los platillos del menú con los vinos disponibles (menús inteligentes, los llaman los técnicos).

¡Es que no me tienen paciencia! Dicen cada día más vinos mexicanos cuyos productores podrían informar a los clientes finales, e incluso a quienes les compran (intermediarios, hoteleros, restauranteros) de los beneficios que se pueden obtener de su reposo en botella por un tiempo antes de ser descorchados. Es cierto que vivimos en una época en la que casi cualquier vino puede ser descorchado y disfrutado desde el momento mismo en que es adquirido, sin embargo son muchos los vinos que agradecen la guarda temporal.

¡Lo sospeché desde un principio! Que si bien es cierto dos de cada tres botellas de vino que se venden en nuestro querido y atribulado México de nuestros sabores son importadas, cada día somos más los que nos inscribimos en el padrón de consumidores de vino nacional y vamos comprendiendo que el vino es mucho más que ingerir una bebida espirituosa, más también que tomar un alimento sano con evidentes beneficios para la salud, es entender que no hay ni puede haber mejor compañía para un alimento sólido, tan sencillo o tan sofisticado como se quiera, porque ambos se benefician mutuamente para regocijo de nuestros sentidos.

Y finalmente   ¡Que no panda el cúnico!

Es verdad que por cada litro de vino que se vende en este país, se venden cien litros de cerveza, también es más que evidente nuestra incontrolable afición por el azúcar y la comida chatarra, que muchas generaciones habrán de nacer para que dejemos el ominoso primer lugar mundial en obesidad y sus nefastas consecuencias. Sin embargo, cada día somos más los mexicanos que estamos conscientes de los beneficios de una sana alimentación. La mesa está puesta porque la cocina mexicana, sabia y variada, jamás podrá ser sustituida por basura comestible. Y el vino es y será un aliado insustituible. Ahí están las propuestas de los cocineros mexicanos de vanguardia, quienes utilizando ingredientes de todas las regiones demuestran con sus propuestas que nuestra gastronomía está más viva que nunca y que los vinos producidos en México quieren acompañarla a cualquier lugar en el que se haga presente.